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Spot radial en RKB

Por Francisco Estrada. Fotos: Andy Ríos

 

Luego de la presentación del libro El estante vacío en Casa Amèrica Catalunya, la prensa divulgó al día siguiente de que en Cuba se vivía una situación similar a la Inquisición o al Medioevo, cuando se prohibían lecturas. ¿Hay oscurantismo intelectual en Cuba?
No, ni tampoco es eso lo que se transmite en el libro. Ahí, en ningún momento, se establece el paralelo entre el sistema de exclusión intelectual en la isla con la Inquisición. Es una hipérbole, digamos, que en algún momento de la charla con los periodistas salió, en el sentido de que la política cultural del socialismo cubano aplica un criterio aduanero muy rígido a la importación de ciertos libros. Aunque por supuesto no se puede calificar la vida intelectual de la Cuba de hoy como un sistema de oscurantismo, pues es muy rica, dinámica y diversa. De hecho, en Cuba hay un proceso de ilustración socialista muy importante, dados sus altos niveles de instrucción y de alfabetización.
 
¿En El estante vacío no se dice que hay autores socialistas vetados?
Hay ensayos donde se cuenta la historia de la recepción o no en la isla de autores importantes de la nueva izquierda occidental, en los años 70 y 80, como Walter Benjamin, Jean Paul Sartre, Frantz Fanon, Wright Mills; intelectuales que renovaron el discurso de la izquierda occidental. En el caso de Sartre, hubo una recepción importante, pero en el caso de Benjamin, no. Y Benjamin es para mí el marxista más creativo del siglo XX. La explicación que yo ofrezco a su veto es por la crítica del estalinismo que hay en él y las ambivalencias que hasta hoy tiene el socialismo cubano con el estalinismo. Hay otros estudios sobre los importantes cambios en la vida intelectual cubana antes y después de la desaparición de la Unión Soviética.


Si bien hay intelectuales vetados en la isla como usted, Vargas Llosa o Carlos Fuentes (que sí son leídos en círculos pequeños), ¿cómo es el debate intelectual en Cuba en un ámbito no académico, pero igual importante, como es en la mesa de un bar con gente normal?
Como no circulan los libros de esta intelectualidad, es difícil medir las recepciones que se producen en Cuba. Sin embargo, sí hay indicios en las revistas literarias –que son muy buenas– que nos permiten detectar lecturas, incluso recuperaciones de obras de autores que habían sido olvidados, como los primeros clásicos del exilio cubano: Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Severo Sarduy. Pero no hay un reconocimiento pleno de ellos como intelectuales con una posición pública crítica al sistema político de la isla; se produce un escamoteo y una despolitización de su obra. Una novela de Vargas Llosa puede ser leída y comentada sin que circule libremente, pero a él no se le asocia como un intelectual crítico del socialismo cubano.

¿En qué consistiría la estrategia para persuadir al gobierno cubano en su ‘política aduanera’? Como usted ya lo ha dicho, una población totalmente alfabetizada es un gran mercado…
Se puede comenzar a hablar con los editores iberoamericanos sobre las potencialidades de este mercado y tratar de que ellos presionen un poco para que se abra ese mercado. El Gobierno cubano pediría a cambio una mayor difusión de su propia producción editorial, que no es poca, en los mercados iberoamericanos. Ahí podría haber una transacción de tipo capitalista, y el mercado del libro podría beneficiarse dentro y fuera de la isla.
 
Cuando he conversado con bailarines cubanos sobre política, he tenido la impresión de que me recitaban comunicados de prensa del Estado. ¿Es tan fuerte la represión en Cuba?
No todo el medio cultural de la isla tiene los mismos niveles de dependencia del Estado. Hay sectores con una autonomía relativa, porque no hay un sector en Cuba completamente desconectado del Estado, a no ser de aquellos que asumen una posición de marginalidad o de oposición, como la disidencia interna, los blogueros y  bibliotecas independientes. Pero hay sectores y sectores; mientras entre algunos académicos de la isla se habla con mayor desinhibición sobre los problemas cubanos, el ballet ha sido tradicionalmente un sector muy directamente controlado por el Estado.

Aprovechado que lo tengo enfrente, ¿qué le parece que Hillary Clinton haya reconocido en México por primera vez que EE.UU. también es responsable del narcotráfico, pues no solo suministra insumos sino también armas?
Creo que podría extenderse a otras políticas muy lesivas para América Latina, incluso para Medio Oriente, en general para el ‘Tercer Mundo’. Si hubiera una voluntad para reconocer errores del pasado, se avanzaría mucho más en un mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y el mundo. Uno de los grandes problemas del contexto histórico que hemos vivido después de la caída del muro de Berlín es la constitución de este poder unilateral de EE.UU., que no tiene balances geopolíticos ni acaba de insertarse en un sistema internacional multilateral basado en el consenso diplomático. Hay señales para mí alentadoras en la nueva política exterior del presidente Barak Obama. No solo utiliza un lenguaje diferente sino también una modernidad en su estilo político que lo identifica como un estadista del siglo XXI y no como un político marcado por la Guerra Fría, y eso es algo muy saludable para el mundo. Sin embargo, al mismo  tiempo tampoco espero que se llegue a una visión autocrítica sobre la responsabilidad de EE.UU. en la crisis mundial del último siglo. -FE

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