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Spot radial en RKB

Por Wilmar Cabrera. Fotos: Andy Ríos y FC Barcelona

 

De sus 52 años como locutor del estadio del FC Barcelona, solo un cáncer de riñón y las bodas de sus hijos han hecho que Manel Vich falte cuatro veces a su oficio.


Una hora. Ese es el tiempo que se toma Manel Vich para llegar antes al Camp Nou en día de partido. En el mismo instante en que Pep Guardiola les da la charla técnica a los jugadores del FC Barcelona, este hombre de no más de 1.60 m. de estatura sube por el ascensor que lo deja en la cuarta planta de la tribuna blaugrana.

    Sesenta minutos de antelación. Apenas el tiempo preciso para que las 94.934 butacas del estadio vayan siendo ocupadas por hinchas, turistas y una que otra persona atraída por esta multinacional del fútbol que todos llaman “el Barça”.

    Sin prisas, como si caminara con los ojos cerrados por alguno de los pasillos de su casa, Manel da pasos cortos por el corredor de la tribuna de prensa hasta su cabina en la esquina del arco norte. Esta noche, viste chaqueta de cuero larga que le baja hasta la cadera, suéter rojo, camisa de cuadros pequeños, corbata y pantalón gris claro. Nada alusivo al equipo de sus amores; solo el sentimiento. ¿Acaso se necesita más?

    Entre saludos, estrechones de mano y palmadas en la espalda de sus compañeros, Manel deja de ser ese hombre de 71 años que por momentos se ve frágil. Deja de ser el abuelo de Iñaki, el esposo de Blanca, el padre de tres hijos y se transforma en el ‘speaker’ del Camp Nou. Un superhéroe para la hinchada. Alguien a quien todos oyen, casi nunca ven, pero que se siente tan fuerte como el frío que esta noche baja por la grada del estadio.

    Sin capa y máscara, de traje de civil, Manel solo tiene esa voz de barítono como arma para enfrentar otra jornada futbolera en el templo del ‘culelismo’. Lo de ser locutor en este catalán casado con vasca hace cuatro décadas es un oficio que viene haciendo desde hace 52 años, cuando aún soltero, y “por casualidad” –como cuenta él–, la voz metida en ese cuerpo fue requerida para anunciar por un altavoz el nombre de un jugador al que se le entregaba una placa como reconocimiento.

    –Entonces era un chico de 18 años que curraba en Radio Hospitalet, ‘¡la voz de Catalunya!’ –dice con tono engolado y enfatizando el lema.

    De inmediato, el lugar donde hablamos se convierte en un radio gigante, pero luego continúa con las evocaciones y me cuenta que en ese entonces cubría un encuentro para su emisora, pero no recuerda qué partido fue, quizás un Barcelona-Elche. El juego terminó y el homenaje se hizo. Manel habló y, en ese momento, al oírlo el jefe de personal y jefe del antiguo campo de Les Corts, Ricardo Convers, le dijo: “Aquí no hay nadie que dé las alineaciones de forma fija. Yo te veo como un chaval con ganas, y si te gusta, puedes hacerlo”.

    Así comenzó a media temporada en Les Corts. Pero tampoco puede rememorar esa primera vez. Son muchas tardes y  noches... los juegos y las alineaciones van y vienen, y se mezclan en una sola jornada.

    En la cabina, mientras un ingeniero de sonido y un técnico ajustan los equipos para que su voz se oiga en todos los rincones del estadio, Manel enciende el primero de los siete, ocho, ¿nueve? Marlboros que se fumará durante el partido a pesar de los avisos de prohibido. El ‘speaker’ explica, antes de aspirar el cigarro, que hoy se encuentra como si viviera un sueño, pues han pasado muchos jugadores, empleados, directivos y presidentes, pero él continúa en lo mismo. Luego se queda callado y, a través del cristal de la cabina, mira el verde de la cancha de fútbol.

    –Lo creía más alto –le digo entre una nube de humo que apenas lo deja ver.

    Manel ríe. Y yo le explico que cuando uno lo oye, afuera, sentado en una de esas butacas, se escucha la voz de un gigante que quizás pase de los dos metros.

    –¿Usted se siente así?
    –¡No! Me siento normal –contesta detrás del cigarrillo–. Lo que sí soy es una persona afortunada porque, de los 130 mil socios del equipo, soy el escogido… Hay cosas que no se pagan con dinero. 

    Y aunque esta frase suene a comercial de tarjeta de crédito, en la voz del Camp Nou se oye franca. Quizás por el brillo que aumenta en sus ojos. Tal vez por el tono con el que lo dice y lo siente. A continuación, reafirma que durante todo este tiempo jamás ha recibido un duro, peseta o euro por su trabajo como locutor oficial del estadio.

    Abajo, Messi, Henry y Eto’o –que sí ganan millones por pegarle a la pelota– se abrazan en un círculo con los demás jugadores blaugranas para animarse.
    –Ellos son tan buenos como el ‘Barça de las Cinco Copas’ –anota como si hablara con él mismo y se olvidara de que estoy a su lado–. El de la célebre delantera Basora-César-Kubala-Moreno-Manchón –prosigue como si esos cinco apellidos hubieran estado unidos desde siempre en su boca. Como si fueran un solo jugador.

    Su voz es fuerte. Es un vozarrón que se desborda de su garganta. Por momentos, me suena a voces de la radio colombiana como Carlos Arturo Rueda y su “colorido mundo del deporte” o, en otro nivel, al ‘Baritono de Oro’ Carlos Julio Ramírez, famoso cantante  cundinamarqués que trabajara en Hollywood para la Metro Goldwyn Meyer durante los años 40.

El pitazo inicial

    –Bona nit y benvingut al estadi –dice Manel dentro de la cabina.
    Afuera, su voz retumba por el estadio. Luego, Manel ve el juego concentrado. Su único movimiento es llevarse el cigarro a la boca. Hay momentos en que el tabaco se queda allí, prendado entre los labios. El humo sale y las cenizas crecen sin caer. A veces, manotea como si fuera el mismo Guardiola dando indicaciones a Xavi o Puyol. El partido termina  con las últimas tapas de jamón ibérico, croquetas de bacalao, montaditos de aceitunas y pimientos, tortilla española, pan con tomate y ensaladilla rusa que el servicio de comida ha dejado en la cabina. En esta ocasión, se celebra una victoria. Manel se despide de sus compañeros, se pone la chaqueta negra y baja como otros de los miles de hinchas que esa noche conforman la riada blaugrana. Dice adiós con un simple: “Cualquier cosa, sabes dónde tienes un amigo”. Y se pierde entre tanta gente. (la crónica completa en www.mcondo.es). -WC

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