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Spot radial en RKB

El aporte del escritor colombiano Daniel Samper Pizano a la cultura contemporánea de Colombia no sólo se restringe a las letras, pues también es un apasionado del vallenato; siempre defendiendo la esencia de este tesoro musical caribeño.

 

Por Máximo Chiroque. Fotos: Adrián Franco


¿Por qué García Márquez dice que Cien años de soledad es un vallenato de 360 páginas? ¿Lo dice por ‘mamar gallo’?
Creo que en todas las ‘mamaderas de gallo’ hay un fondo de verdad, y en las de García Márquez ese fondo es aun más sólido. Él lo dice porque se crió en el mundo del vallenato. Las primeras entrevistas y columnas a Rafael Escalona fueron de él. García Márquez es un muy buen cantante de vallenatos y los conoce todos de memoria. Sólo canta en circunstancias muy especiales, cuando está con amigos y se inspira; en voz muy baja y melodiosa, haciendo todos los recorridos. Cuando él dice que Cien años de soledad es un vallenato de 360 páginas, no está mintiendo porque este es un gran relato, y los vallenatos son jornadas de relatos. Y ya sabemos que Cien años… es un poco la recreación del mundo desde los primeros tiempos, cuando había que señalar las cosas para nombrarlas.

En Bogotá, hace unos 20 años, el vallenato era rechazado por sus orígenes populares. ¿En tu caso, cómo le agarraste cariño, teniendo en cuenta de que eres un intelectual?
Ahora es un peligro ser intelectual en Colombia porque pueden llamarte “intelectual aliado de las FARC” (risas). Hay varios elementos. Primero, te voy a contar que no sé en qué niveles el vallenato era mirado con desprecio en Bogotá, porque curiosamente el vallenato llega ahí a través de la burguesía. El vallenato es un canto de campesinos, de casas de putas, de vaqueros, de gente del común. Y por eso hace 30 años no lo dejaban entrar en el Club Social de Valledupar, donde estaba prohibido con un letrero cantar vallenatos.
 
¿Y cómo llega a la burguesía bogotana?
Varios de los muchachos de Valledupar que venían a estudiar a Bogotá y les gustaba el vallenato, eran de la oligarquía valduparense pero aficionados al vallenato. Entre ellos estaban los Molina, los Pavalló, los Castro; varios apellidos destacados. Sobre todo venían a estudiar derecho, algo que se estudia mucho en la costa porque es muy fácil –lo digo porque yo soy abogado y es bastante fácil estudiarlo–. Y ahí conocen a una cantidad de bogotanos de la misma edad, con 17 y 19 años, entre los cuales estaban varios del cogollo de la burguesía colombiana y que después serían ministros, como Miguel Santamaría Dávila, Rafael Rivas y Alfonso López Michelsen.

Pero el vallenato se popularizó mucho más en Bogotá a inicios de los 90 con una estrella pop como Carlos Vives, quien debe saber mucho de vallenato porque se rodeó de unos músicos espectaculares… Aunque él canta mal, ¿no?
No, porque él canta muy bien. Carlos es un tipo encantador y un gran artista; le tengo mucho cariño personal. La historia de él es la siguiente: Carlos es de la costa, samario. Los vallenatos eran parte de su vida cuando niño y se crió oyéndolos. Fuera de eso, él es músico; toca la guitarra. Cuando yo lo conocí, fue porque hicimos una serie muy interesante para el vallenato: Escalona…

La que desencadenó su popularidad…
Exacto. Y la escribimos Fernando Romero y yo. Carlos estaba entre los candidatos a hacer el papel de Rafael Escalona, pero como era rockero, no se sabía si eso podía servir. Yo fui uno de los que ayudó a convencerlo. Y él tenía dudas porque debía cortarse la melena…. Y esa era una ‘gran’ duda. Hasta que dijo “bueno, lo haré porque soy un artista”, e hizo un papel que le salió divinamente, porque él siente el vallenato. Fue tal el éxito que creó el grupo La Provincia, y tuvo la inteligencia de ir en búsqueda de un público distinto, no el que bailaba en las casetas sino el de los jóvenes que usaban vaqueros y zapatos tenis para ir a los conciertos de rock. Y ese montaje con una banda tipo rock lleva a los jóvenes de las zonas urbanas el vallenato, que antes era un poquito casposo para ellos, digamos.

Decías que el éxito del vallenato puede ser su perdición. Y parece que le está pasando lo mismo que a la salsa, en los 90, cuando sólo se hacía salsa erótica…
Sí, un horror…

Ya no hay salsa, murió…

Queda la salsa clásica; lo clásico sobrevive siempre. El problema del vallenato es que generó tal prosperidad comercial, que se le abrieron las agallas a las casas de discos, y ya no solo querían pasar vallenato clásico. Entonces, les dio por fabricar vallenatos industrialmente: “Tráeme doce temas el próximo mes que haré un disco”. Ahí iban donde un compositor mediocre y hacían doce canciones mediocres con letras mediocres y así fue surgiendo el vallenato comercial. Como era imposible que fuera bueno, rebajó y envileció el gusto de quienes oían las emisoras de esta música.

¿Cómo es el vallenato comercial?
Se fue creando un gusto por el vallenato llorón y fácil de hacer en 10 minutos. Eso generó una estética distinta del vallenato que es pariente de la peor ranchera y del peor bolero, lo que llaman el ‘rancherato’ o ‘balanato’, porque tiene algo de balada y tal. Se hace con muy poquitos elementos poéticos y siempre con fórmulas básicas: “lloro porque tú no estás” y esas tonterías, cuando lo bueno del vallenato son sus metáforas genuinas y espontáneas. Nunca se habían hecho metáforas como en Diana: “si tú te vas, yo me convierto en un submarino (para buscarte en las profundidades)”. Eso es mucho más bonito que la idiotez de “las flores lloran por tu ausencia”.

¿Y qué hace tan colombiano al vallenato?
Ese amor por la ‘carreta’ y contar. El vallenato no es una letra de cuatro cositas, un coro para cantar y punto. El vallenato está repleto de personajes que aparecen, desaparecen y reaparecen. -FE

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