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Spot radial en RKB

Mi día más especial en Europa

 

El que estudia, triunfa. Al que madruga, Dios lo ayuda. Y recoges lo que has sembrado… Hoy amaneció otra vez con sol. Aunque un ligero viento, rezago de la primavera, me hace pensar que puedo dormir un poco más, estar un tiempo más con mi novia; abrazados. Este día me lo tomaré con calma...


Hace tres años, empecé como muchos: dándole duro y parejo. Y como lo hacía bien, me fueron llamando para más y más cosas. Me gané la confianza del jefe hasta ocupar un lugar parecido al de navaja suiza o de bombero; haciendo de todo y apagando incendios. Y como moverse es humano, cuando el jefe abandonó el barco por uno mejor, me dejó a cargo de su puesto… En realidad no fue él sino el jefe del jefe, que es un viejo zorro y sabe quién trabaja y quién no.

Estuve a punto de desviarme, entre turistas, nativas curiosas, paisanas melancólicas y lo que te puedes encontrar a las tres y media de la madrugada, cuando los bares ya han cerrado y no queda más remedio que ir a un piso.

Aprieto los botones de la alarma, que me regala 10 minutos más de descanso. Vuelvo a abrazar a mi novia. Sueño que estudio, que madrugo, que siembro, y puedo descansar. Sueño con siestas de tres horas, desayunos de mediodía y sin pensar en lo que vendrá. Despierto agitado, sudando y ella me dice "calma, calma". Suena otra vez la alarma.

Debo recoger la correspondencia en el correo, porque el cartero, cuando deja el aviso de llegada de un sobre, sale corriendo como alma que lleva el diablo. Bajo caminando por Vía Laietana hasta la vieja sede de los correos con vista al puerto y recuerdo todo lo que me pedían: tres años mordiendo el polvo, el contrato de trabajo de una empresa donde curro y me necesitan, el certificado de que en mi país no maté ni robé a nadie y las pruebas de que en tres años no he salido ni a Andorra. Y todo de verdad (no como el chico ese cuyo contrato es “de favor”, con antecedentes desinfectados bajo la mesa y con múltiples salidas del país metido dentro de la maletera de un coche o paseando por aeropuertos low cost y cara de yo no fui).
 
Subo las escaleras del palacete, saco mi número y me llaman. Debo firmar el acuse de recibo. Abro la carta con la respuesta y en medio de los latidos de mi corazón que me hacen confundir los bordes del papel de la carta con el suelo, el techo y mis dedos, alcanzo a leer “denegado”, "la empresa no justifica su contratación" y “abandonar el país en 15 días”.

No sé cómo no me atropellaron, pero llegué caminando al trabajo sin fijarme en los semáforos. Sin embargo, alcanzo a distinguir que Barcelona sigue linda; pero indiferente a mí. Llegué al curro. ¿Que cómo me fue? Pues mal. ¿Que seguro están regularizando poco por la crisis? ¿Cómo, que también por la crisis ustedes me bajarán el sueldo?

El que estudia, triunfa. Al que madruga, Dios lo ayuda. Y recoges lo que has sembrado…

 

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